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El Gran Dilema

 

Ilustración por: Sahara Manuela Ospina

 

 

Nunca antes el hombre había alcanzado tal nivel de conectividad con el mundo, como el que ha alcanzado hoy, gracias a las redes sociales. Estamos a un clic de distancia de las personas, tenemos la oportunidad de “conocerlos” más íntimamente a través de sus redes sociales e incluso tenemos acceso a información la cual antes, sin una conversación cara a cara, habría sido difícil conocer. Sin embargo, esa conectividad que hoy permite mantenernos cercanos, incluso en estos tiempos de pandemia, también nos bombardea con noticias que nos acercan a los acontecimientos críticos que aquejan al planeta, pero que también pueden impactar negativamente nuestra conducta, nuestras opiniones y nuestra salud mental.

 

De ahí, que se cuestione el propósito y la funcionalidad de las redes sociales, pues, aún cuando para muchos estas no representan una amenaza comparadas con otras problemáticas mucho más visibles y que impactan directamente al ser humano, otros por experiencia o por simple observación, afirman que nunca antes ha existido un fenómeno con tal alcance, poder y capacidad para manipular, separar y desestabilizar. Los seres humanos nos vemos inmersos en un sistema cada vez más aceptado, pero que atenta contra la libertad, el bienestar y la salud mental de todo aquel que accede, en un acto siego y entrega su vida y privacidad a cambio de un lugar en un mundo conectado.

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Para nadie es un secreto que la situación sanitaria global, ha abierto las puertas a una mayor comunicación a través de plataformas virtuales. Y ahora más que nunca, cuando realmente necesitamos de las redes para mantenernos conectados los unos con los otros, terceros en poder, a través de estas, han aprovechado la oportunidad para incitar al caos, el malestar y a la división. Para ejemplificar la manera en que operan las redes sociales y su impacto negativo en la salud mental del ser humano, me gustaría exponer una situación que viví de manera personal y en la que identifique el actuar de esa mano invisible del mal.

 

Recuerdo que unos meses entrada la cuarentena, solía revisar Twitter a diario, lo hacía con el pretexto de mantenerme informada sobre la pandemia y a esto se sumaba el hecho de que las notificaciones matutinas me avisaban cada vez que la alcaldesa o la gente que se oponía a su manera de llevar la situación, twitteaban respecto a la noticia de moda. Esto lo único que generaba en mi era angustia y a veces enojo, pues me perdía por horas en los hilos de conversación que aparecían en mi feed[1] y que usualmente enfrentaban posiciones sobre el actuar y las decisiones tomadas por la mandataria.  Poco a poco empecé a darme cuenta de que estaba perdiendo horas enteras leyendo discusiones que, aunque ajenas, apelaban a mi emoción y que, si bien me informaban sobre el descontento de los ciudadanos, solo bombardeaban información que generaba mayor descontento e impotencia en mí.

 

Inmersa en medio de mis emociones,  tome la decisión de eliminar la cuenta de la red social de mi celular, aunque esto implicara dejar de “mantenerme informada”. Y a pesar de que en un principio me sentí culpable, pues llegué a pensar que con la desconexión solo estaba evitando lo inevitable, el día a día, la realidad del mundo en el que vivía, pronto entendí que para ser más objetiva y pensar en soluciones con potencial para cambiar dicha realidad, debía iniciar por cubrirme de los bombardeos.

 

Seis meses después y ya acabada cuarentena, he podido observar como el Covid ya no es un tema central de discusión en Twitter, luego fueron las protestas que tuvieron lugar en Bogotá en septiembre y así cada día. Y aunque, sin duda se trata sobre un tema de relevancia para el país, me he dado cuenta de que las discusiones entre personas con posiciones políticas opuestas siguen siendo una constante, así como las notificaciones matutinas, pero ahora en formato de correo electrónico.

 

Y así podría continuar, mencionando otros casos en los cuales las redes sociales, con gran sutileza, han moldeado la información que familiares, amigos y conocidos consumen, en concordancia con patrones específicos previamente estudiados por un algoritmo. De hecho, estoy segura de que como a mi, a usted le ha ocurrido algo muy similar. Y aunque estos casos en un principio pueden parecer simples e inofensivos y aislados, una vez identificados develan el poder y el verdadero propósito de un entramado que, a pesar de su intangibilidad, ha logrado permear las dinámicas sociales que rigen al mundo hoy. Sin embargo, dicho poder no es nada más que un poder otorgado y alimentado por los mismos individuos que hoy se ven perjudicados. De ahí, que esté en nuestras manos decidir qué tanto espacio le abrimos a las redes sociales, pues el éxito de estas dependerá de qué tanto tiempo dediquemos a recibir y meditar en la información que de antemano tienen preparado para cada uno de nosotros.

 

 

Referencias:

Feed: Se trata de contenido en internet que puede exportarse a otros sitios como Google Reader, Twitter o Facebook para ser leído cuando el usuario quiera. Es una especie de web "bajo demanda". https://www.bbc.com/mundo/noticias/2010/11/101112_1236_tecnologia_guia_terminos_palabras_internet_d 


Detalles del articulo

  • Autor
    Sahara Ospina
  • Lugar
    Bogotá Colombia.
  • Año
    2020
  • Tema
    Tecnología